La polarización en la práctica política se ha reforzado, ya sea de un sector u otro, se encuentran mecenas y fieles con la más dura convicción que su ideología se sobrepone a la realidad. Considerando este aspecto, pretendemos explicar qué aspectos posee un radical respecto a un extremista. Asimismo, fundamentaremos la imposibilidad de la imparcialidad en la práctica pues, esta, al fin y al cabo, está sometida a la praxeología y al costo de oportunidad. Con esto buscaremos exponer la importancia de tomar postura y ejercer en la práctica los derechos y convicciones políticas que son inherentes a la vida en sociedad y, más aún, en una sociedad civilizada.

Mario Bunge había afirmado que “el rechazo a la política lleva al fascismo, al totalitarismo, a la centralización del poder político, en una democracia todos tenemos que ser políticos lo que ocurre es que no tenemos que ser pasivos”. Está claro, que una vida social basada en la democracia requiere de actores activos para evitar una senda donde el principio de no agresión no sea quebrado y derechos fundamentales de la humanidad no sean violentados.

En los discursos se ha hecho hincapié en los peligros de tomar posturas “extremistas”, sin embargo, aquel individuo que posee una postura ideológica radical, sea liberal, comunista, republicano, demócrata o lo que fuere, debe estar influido por conocimiento o la supina ignorancia. Se podría decir que es obvio que aquel que está equivocado y sumido en la necedad es radicalmente estúpido, pero, la condición de ignorancia es el factor determinante al señalar la diferencia entre un radical y un extremista.

La aprehensión de conocimiento y datos, empleados efectivamente, es inteligencia y usar esa información en búsqueda de la verdad es la genuina ambición de alguien que ha dedicado lo más escaso que posee a fin de defender la verdad, es decir, su tiempo y a través de medios pacíficos como el debate o la dialéctica. Como lo ha señalado James Clear, para que un individuo sea un experto en algo debe haber dedicado al menos diez mil horas para serlo. Esto implica inherentemente una especialización deliberada hacia la aprehensión de esos conocimientos. Por tanto, aquel individuo que refuerza esas prácticas no solo es un experto sino también un erudito en los conocimientos que se requieren para emplearlas.

En yuxtaposición, la condición de los extremistas al estar sometida a la necedad, exhibe una fatal arrogancia al confrontar la realidad de los argumentos, los datos y, en última instancia, la realidad misma. Esta postura, ya sea deliberada o inconsciente, es frecuente en las masas. El colectivismo tiende a suprimir el disenso para así fortalecer el rebaño bajo la obediencia. El debate y la dialéctica no son medios para esparcir la ideología, sino la imposición de las ideas que, en casos empíricos, como el socialismo, ha tenido vertientes violentas con altos costos sociales como el hambre, la muerte o la tragedia de pueblos enteros.

En esencia, la gran diferencia entre un radical y un extremista, son los valores que uno defiende. Como hemos señalado, el radical es un individuo especializado, pacífico y con honestidad intelectual. Mientras que, el extremista está en las antípodas de estos valores, haciendo que marchite toda posibilidad de una vida social pacífica, incluso entre individuos que poseen ideologías rotundamente opuestas.

Cuando nos referimos al ejercicio político, no nos limitamos a referirnos al sufragio, sino a todo el espectro ideológico que enarbola los principios y valores cada corriente. Esto implica, que los individuos que están posicionados en un espectro ideológico no pueden estar en otro. Dicho de otra forma, uno no puede ubicarse de manera omnipresente en dos corrientes ideológicas a la vez. Puesto que, al estar argumentando en pro hacia una ideología, implica necesariamente, no defender la ideología contraria. Está claro que hay ideas complementarias entre ciertas ideologías, aunque, estas no se oponen entre sí. Podrán existir apolíticos en el ejercicio político, es decir, podrán limitar deliberadamente su acción política y el ejercicio de sus ideas o valores en la práctica, pero no podrán ignorar las consecuencias de asumir esa falaz “imparcialidad” política.

Visto que, en la práctica política las ideologías son conductas dinámicas sujetas al descubrimiento de nuevos conocimientos, teorías y prácticas. Es natural afirmar que el mejor escenario para un individuo, es ejercer su convicción política. Asumir el compromiso con su propia existencia dentro de la vida social política es la mejor manera, dentro de la vía pacífica y civilizada, para la resolución de intereses, conflictos, determinación de medios y proyecciones en la convivencia social.

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